miércoles, 15 de septiembre de 2010

San Vicente Ferrer, 33


Cuando llegué a Madrid hace seis primaveras, el Nasti fue el primer sitio que me acogió sin demasiados miramientos, confiando en mí incondicionalmente desde el minuto uno. Los conocimientos de club, de cómo manejar una pista bastante compleja, la versatilidad estilística que gané y la continuidad para poder asumir riesgos musicales -el club no es una plaza fácil, se lo aseguro-  los adquirí en esos 3 metros cuadrados de cabina. He crecido con ellos y mi hoja de servicios ha aumentado exponencialmente al tiempo que he degustado de ese acogedor espacio. Desde entonces trabajo de residente. Me pasaba por la cabeza, años atrás, que la independencia musical va de la mano cuando vas por libre y las ataduras, pautas y objetivos te los marcas tú mismo. Me equivocaba. Es precisamente la libertad que tuve la que me permitió avanzar pasito a pasito pero con el toro cogido por los cuernos. No aprendí a pinchar soul y funk en Valencia ni en Londres precisamente.

Por aquel entonces, el club llevaba cuatro años funcionando en primera línea de fuego, con programaciones de conciertos y DJ's jamás vistas en la capital, apostando fuerte por la novedad y arriesgando -algunas veces demasiado- con propuestas casi siempre rompedoras. Como dicen los ingleses: "ahead of our time".

Desde septiembre del año 2000 han pasado por el Nasti -antes que en ni ningún club de Madrid- propuestas tan convexas como Erol Alkan, Strange Idols, Jeans Team, Grabba Grabba Tape, Gonzales & Peaches, Nova Huta y Neo Angin, I-F, Le Hammond Inferno, Cobra Killer, The Rumble Strips, Andreas Dorau, Ginferno, DMX Krew, Jacques LuCont, Polysics, 2 Many DJ's, Trans Am, Console, Jessie Evans, Tok Tok vs Soffy O, David Holmes, Ladytron, Ian Pooley, The Modernist, Hatcham Social y un largo etcétera. Muchísimo para un sitio con evidentes limitaciones de taquilla debido a lo reducido del espacio. El riesgo siempre implícito en los conciertos, ya bien sean en clave pop, techno, rock, punk, breakcore o si el protagonista es un pinchadiscos, ¿no era eso de lo que trataba el indie

Madrid parece estar viviendo en un estado de zozobra, anclada en una manera de entender la vida que me gusta, pero diluída especialmente de noche, lo que impide ciertos avances y tomas de decisiones a programadores, DJ's, músicos y agitadores culturales. Y esto, que parece una estupidez supina, lo he podido contrastar con otros compañeros de trabajo. Así que, pasan los años y el, la -como le llaman algunos gallegos-, Nasti, aguanta con la firmeza y filosofía inicial intactas y un año más nos vemos envueltos en otro aniversario.


La programación que han preparado para este septiembre no es ninguna broma. Un muestrario de auténtico eclecticismo de club. Entre habituales (el pop pluscuanperfecto de The Wave Pictures, el baile-funk de DJ Soft), excitantes novedades (Pilooski, increíble que sus edits no hayan sonado en directo todavía en esta ciudad), oportunidades únicas para ver a ídolos de masas fuera de un pabellón deportivo o un macrofestival (Simian Mobile Disco y su fino tech-house), locuras que solo ocurren en el 33 de la calle San Vicente (el minimalismo desacomplejado y folklórico de Internet 2, no se lo pierdan por nada del mundo), y grupos de guitarras de venidos de los garages subterráneos madrileños y catalanes (Los Claveles, Thelemáticos) con un futuro lleno de posibilidades a la vuelta de la esquina.

Agarremos los mecheros, encendamos las velas, descorchemos el cava, mordamos un trozo de la tarta y bailemos: que sea por muchos años más. Gracias.





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