martes, 4 de abril de 2017

Ces´t fini


Como bien habréis apreciado, el blog lleva varios meses parado. Por un lado soy incapaz de encontrar el equilibrio entre el tiempo que dedicarle y la satisfacción personal, reducida actualmente a que alguien te diga que es seguidor y que sigue/seguía el blog, algo que extrañamente todavía hoy me sigue pasando. Por otro lado, el tiempo pasa y uno tiene más intereses y quiere dedicar el tiempo libre disponible a otras causas. Cuando hacia 2010 empecé a escribir en este espacio no esperaba bajo ningún concepto prolongar la escritura durante demasiado tiempo. A medida que el blog fue creciendo y monté las fiestas ya empecé a verle la fecha de caducidad. Esto, en cierta manera, solo fueron las memorias de alguien que vivió con pasión el techno y el inicio de algo que se intuía grande desde principios de los 90, compró muchos discos y salió a clubes y festivales con bastante asiduidad.


El blog seguirá consultable en la dirección de siempre, pero no actualizaré más. Sirva este texto pues como un hasta luego. Gracias a todos los que de forma desinteresada colaborasteis con entrevistas, podcasts o textos.

Muchas gracias al resto por estar ahí leyendo.

David.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Acerca del cierre de fabric


Seguramente ya lo habréis leído. El legendario club londinense fabric (siempre en minúsculas) echa el candado indefinidamente tras perder la licencia por la muerte de dos jóvenes de 18 años causada por el consumo de drogas el pasado mes de junio. Desde que abriera sus puertas en 1999, seis personas han perdido la vida dentro del club de Islington. Mientras escribo estas líneas no paran de sucederse comunicados, se reúnen firmas en change.org contra el cierre y se amontonan las campañas en redes sociales. Lo último que me alcanza a leer antes de sumergirme a escribir es esto. Algo parecido aconteció en el cierre del antiguo Tresor berlinés o el Hacienda mancuniano, transformado en un abrir y cerrar de ojos en apartamentos de lujo. Las manos del capital y las políticas neoliberales suelen estar tras este tipo de movimientos.


A pesar del papel secundario con el que en términos de prestigio se suele relegar al club desde mediados de la pasada década (curiosamente ese "declive" coincide con la atomización de la música de baile), fabric fue durante sus primeros años el actor principal de escenas locales que se transformarían más tarde en universales, como la del grime o la del drum & bass, con sus rabiosas fiestas fabriclive cada viernes, donde bailar era un acto de sentir comunal, con las clases populares del sur de la ciudad tomando cada rincón del club en una vibrante celebración de la cultura negra más callejera, un sentimiento seguramente parecido al de los soundsystems jamaicanos que a partir de los años 50 cambiaron el concepto de cómo tenemos que escuchar cierto tipo de música. Justo lo contrario a lo que entonces atronaba al norte de la ciudad, dominada por la hedonista escena speed garage, sus botellas de Moet y exclusivas fiestas de etiqueta. Fue también durante muchos años el mejor sitio para escuchar tecno en Londres, ciudad de más de ocho millones de habitantes con una vida nocturna envidiable, últimamente en franca retirada. En los últimos ocho años y debido en la mayor parte de casos a la presión urbanística, la ciudad del Támesis ha perdido un 50% de clubes nocturnos y un 40% de salas de conciertos, entre ellos lugares tan emblemáticos como Madame Jojo's, The End, Astoria, Plastic People o The Metro.

Toda esa vorágine de cambios en lo musical me pilló entonces viviendo en Londres, algunas de las mejores noches de club de mi vida las pasé metido ahí dentro. Estoy seguro que mucha gente que se acercó por ahí durante esos años pensará lo mismo: los primeros años de fabric son irrepetibles en el contexto de esa época. Y es que acudir a las 11 de un viernes noche a fabriclive y ver a toda la comunidad negra brincando de lo lindo siendo el único blanco en toda la sala era siempre un chute de adrenalina, comparable solo a saltar por un puente. Además de un ambiente espectacular, siempre se suele destacar el soundsystem. Lo que habéis leído mil y una veces en RA o FACT es cierto: la sala principal te crujía vivo si acudías mal alimentado a la cita.

Las causas de su desplome reciente en términos de popularidad son básicamente achacables al turismo. La mayoría de gente de Londres empezó a priorizar otras opciones antes que la de meterse en un sitio lleno de italianos, españoles o franceses. Durante estos casi 17 años que el club ha estado activo, sus pistas han recibido a casi siete millones de personas, más o menos la población entera de Cataluña. Si bien Londres sabe siempre como reinventarse, el cierre de fabric es un golpe duro no solo para la ciudad, sino para muchos de los clubers que sienten innecesario desplazarse hasta Berlín para vibrar con un buen soundsystem. En lo personal, un pedacito de mi juventud se desvanece.

RIP.

lunes, 24 de agosto de 2015

12 instantáneas de la rave de Boy's Own en agosto de 1989


Rave del entonces fanzine Boy's Own en East Grinstead, unas pocas millas al este del aeropuerto de Gatwick, Londres, agosto de 1989. Todas las fotos pertenecen al archivo de Dave Swindells. Lee la historia de Boys Own en RA.



















miércoles, 22 de julio de 2015

The Orb jugando al ajedrez en Top Of The Pops


The Orb juegan una lisérgica partida de ajedrez en vivo en Top Of The Pops en el verano de 1992. Una canción de casi 40 minutos, en ese momento el single más largo grabado de la historia de la música, queda reducida a 3 minutos. El programa fue visto por más de 8 millones de personas. La utilización de la ironía, tan ausente estos días, siempre fue un punto fuerte de Alex Patterson. La historia completa aquí.

The Orb "Blue Room" Top of the Pops - 3min version from The Orb

jueves, 5 de marzo de 2015

John Carpenter, Master Of Horror Disco (II) por David Bizarro


Leer la primera parte

Hoy me gustaría empezar rompiendo una lanza en favor de Alan Howarth. A pesar de que la contribución del ex teclista de los Weather Report apuntaló lo que hoy conocemos como “el toque Carpenter”, su nombre permanece relegado a un segundo plano en los títulos de crédito. Y eso a pesar de compartir la autoría de al menos media docena de clásicos que a día de hoy gozan de plena autonomía, al margen de las películas para las que fueron concebidas. Las cifras hablan por sí mismas: la banda sonora de 1997: Rescate en Nueva York vendió más de 800.000 copias y el resto de su producción conjunta ha pasado a engrosar el elitista catálogo de Death Waltz Recordings, mientras las primeras ediciones siguen revalorizándose entre los coleccionistas.



Ahora bien, reconozco que siento una predilección especial por Halloween III: el día de la bruja (1982). La idea original de Carpenter era contrarrestar los efectos de ¡Sanguinario! (Rick Rosenthal, 1981), la rutinaria secuela de La noche de Halloween auspiciada por Irwin Yablans y Moustapha Akkad para Dino De Laurentiis. Con ella la franquicia se sumaba a la moda del slasher e incluso la banda sonora se conformaba con leves variaciones de la melodía original. Preocupado por el rumbo que tomaban los acontecimientos, Carpenter planteó la posibilidad de romper con la continuidad y sorprender al público con una historia completamente diferente en cada entrega, con la festividad de Halloween como eje central de la trama.



La película, dirigida por Tommy Lee Wallace, uno de los hombres de confianza de Carpenter, contaba con un prometedor guión firmado por Nigel Kneale en el que confluían algunas de las constantes temáticas del autor de The Stone Tape (Peter Sasdy, 1972): la ciencia ficción, el enigma de Stonehenge y los ritos ancestrales. Por imperativos de los productores, Wallace apostó por un nivel de truculencia que motivó que el padre del Profesor Quatermass se desvinculase de la película, en protesta por la perturbadora secuencia en la que un niño muere víctima del hechizo de la mercadotecnia. El consiguiente batacazo en taquilla precipitaría la decadencia de la saga con Halloween IV: el regreso de Michael Myers (1988), poco después de que Carpenter saldase la deuda contraída con Kneale firmando el libreto de El príncipe de las tinieblas (1987) bajo el alias de Martin Quatermass.



Con todos sus peros (que los tiene) el film merece la consideración de culto, empezando por la versatilidad de una banda sonora que, sin abandonar la órbita terrorífica, consigue satirizar el lado más esperpéntico de la era Reagan. Presten atención a Chariots of Pumpkins, su particular revancha en clave pesadillesca del megahit de Vangelis para Carros de fuego (1981) y díganme si First Chase no es lo más parecido al reverso tenebroso del Sweet Dreams de Eurythmics o el Don’t Go de Yazoo que hayan escuchado en su vida. Compárenlo a continuación con el páramo de banalidad que han dejado tras de sí bandas como Chromatics, Glass Candy, Desire o Symmetry y concluirán que, como cantaban Margarita, “antes de las antenas ya había señales”.

¿Recuerdan el estribillo de Sunglasses at Night? Corría el año 1984 y Corey Hart negaba la evidencia escudándose tras unas lentes oscuras. Desde el rincón opuesto del cuadrilátero, Roddy "Rowdy" Piper nos develaba los mensajes subliminales del capitalismo salvaje en ¡Están vivos! (1988). “Ellos viven, nosotros dormimos”. Piensen en ello cuando vean al presidente Rajoy en la pantalla de plasma, sacando pecho ante los datos de la EPA mientras nos vende, a puerta fría, el colapso del estado del bienestar. Hablemos de cine o de música, indefectiblemente acabaremos discutiendo sobre política.



Pero dejemos que sea JG Thirlwell (Foetus) quien nos reconduzca hacia la cuestión de fondo: «No sé muy bien a qué te refieres con eso del horror disco, pero imagino que tendrá algo que ver con Zombi, que es un grupo que me gusta mucho». Le confieso que me hubiese gustado contar con ellos para el artículo, pero declinaron la invitación por motivos de agenda. Steve Moore sigue cosechando alabanzas por la banda sonora de The Guest (Adam Wingard, 2014), tiene a punto de caramelo su primera referencia para Ghost Box y ultima los preparativos del nuevo elepé de Zombi junto a A.E. Paterra de cara a su presentación en el Roadburn Festival 2015. Para aprovechar el tirón promocional, Relapse ha anunciado la reedición de sus primeros EPs en un boxset titulado The Zombi Anthology.



«Yo fui a ver La Cosa al cine y me encantó, pero de eso hace mucho tiempo. La era digital ha conseguido que todo resulte más volátil y a la vez sea imperecedero. Cada día que alguien descubre el cine de Carpenter o la música de Goblin, el círculo se retroalimenta, como en los discos de Umberto y Kavinsky, por ejemplo». El hecho de que Thirlwell mencione a Kavinsky en colación a Umberto se merece un inciso. Cuando coincidí con Matt Hill en Madrid, hace un par de años, hablamos un buen rato de su fascinación infantil hacia Jan Hammer y las máquinas recreativas de los ochenta. En Freeze! (Not Fun Fun, 2011) tomaba como referentes estéticos a Superdetective en Hollywood (Martin Brest, 1984) y Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1984) pero es justo ahora, al volver a escuchar Put An APB On Those Bastards, cuando tengo la sensación de encontrarme ante la hipotética cara B del tema central de 1997: Rescate en New York.



En comparación, el gesto de Kavinsky suena impostado. En Outrun (Casablanca, 2013) el discípulo de Quentin Dupieux y Sebastian Tellier despachaba sendos homenajes a Carpenter y Harold Faltermeyer, con la notable diferencia estriba de que su mash up de Christine (1983) y Drive (Nicolas Winding Refn, (2011) solo resultaba apto para los fans más trasnochados de Daft Punk y abusaba del hype que le lanzó al estrellato. Lo que no impide que la propuesta tenga su gracia, ojo, pero coincidirán conmigo que al responsable de Nightcall la beisbolera le viene bastante grande. ¿Hablamos de mitomanía o de nostalgia mal entendida? «Algunos grupos como Dance With the Dead comprimen las líneas de bajo de Carpenter y las mezclan con los ritmos del house de toda la vida. Sigue siendo bailable, pero lo convierten en algo convencional e inofensivo».

Así que una de cal, otra de arena y servicio para Mr. Thirlwell: «Cuando me encargaron el remix de Abyss procuré ser lo más respetuoso posible. El álbum me gusta mucho porque es 100% Carpenter y quise mantenerme fiel a su espíritu». Repasando sus colaboraciones con Nurse With Wound, Current 93 o Excepter, cabría esperar un abismo más literal con respecto al material de partida. De las remezclas incluidas en la edición digital deluxe de Lost Themes, la suya es la más clásica y cinematográfica. Y sabiendo lo mucho que admira Carpenter a Hans Zimmer, estoy seguro de que el crescendo final le habrá puesto la piel de gallina. En lo concerniente al resto de participantes, Silent Servant, Blanck Mass y Zola Jesus convencen sin necesidad de arriesgar demasiado, pero es Bill Kouligas quien asume el remix hipnótico, abstracto y experimental que algunos estábamos demandando.



Parafraseando al malogrado Tupac Shakur, no digo que Carpenter haya cambiado el mundo, pero os garantizo que la transformación lleva años en marcha, fuera y dentro de la gran pantalla. Podría argumentar mi teoría citando un interminable retahíla de nombres (Com Truise, Phantom Love, Xander Harris…), pero actualmente el exponente más relevante sería Cliff Martínez. Las imágenes de Nicolas Winding Refn envejecerán igual de mal que las de A la caza (William Friedkin, 1980) o Manhattan Sur (Michael Cimino, 1985), pero sus soundscapes conservarán cierta pátina de atemporalidad; sobre todo la de Only God Forgives (2013) por su pasmosa habilidad para conciliar tradición y (pos)modernidad. En la espléndida miniserie de Steven Soderbergh, The Knick, incluso se atreve a ir un paso más allá, como Portishead, Burial o Clint Mansell hicieron antes que él.

En 2011 Simon Reynolds, autor de Retromanía (Caja Negra, 2012) y Energy Flash (Contra, 2014), entrevistó a John Carpenter con motivo de Sound of Fear: The Musical Universe of Horror, un evento comisionado por el Vision Sound Music Festival de Londres en el que participaron People Like Us, zeitkrazter y Alan Howarth. El programa de mano lo describía como «un homenaje a los maestros del escalofrío sonoro que han hecho de las bandas sonoras del cine de terror un crisol de disidencia cultural y musical». Durante la charla salieron a relucir varias de las claves de su trayectoria personal y artística, por lo que me parece ideal como colofón a este artículo. Como sugiere el propio Carpenter, «el Horror en la música viene del silencio». Es tan sencillo como eso.